(Media Mañana)
A las once de la mañana retumban
de nuevo los tambores y cornetas anunciando la
salida del magistral Calvario
desde San Francisco.
El Crucificado (1968), obra de
Ezequiel de León Domínguez, es acompañado en el
mismo gran trono magníficamente
decorado por otras dos tallas de tamaño natural: una
Sta. María Magdalena, escultura
de extraordinaria belleza que se presenta arrodillada y
suplicante (s.XIX, de Estévez del
Sacramento) y San Juan Evangelista (1863) de
Aurelio Carmona, un polifacético
y excepcional imaginero.
En otras andas, con una gran
mandorla dorada, la sobrecogedora talla de Ntra. Sra. de
la Soledad (1733) de Domingo
Carmona. Lleva sus mejores joyas: topacios, azabaches,
diamantes…Casi no ha habido
tiempo de cambiarla desde el trono de plata de la noche
anterior a las nuevas,
a las de “toda la vida”, más acorde con su porte y antigüedad.
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